12 octubre, 2019 La hidratación en el ciclismo

La hidratación en el ciclismo

La hidratación es uno de los aspectos básicos del ciclismo. El gesto de beber, debe ser continuo en cualquier tipo de salidas.
Se dice que en condiciones normales el ciclista debe beber agua o bebidas isotónicas cada veinte minutos durante el pedaleo. Otra máxima básica es que no hay que esperar a tener sed para beber durante el ejercicio, ya que la sed suele ser el primer síntoma de que el proceso de deshidratación se ha iniciado, y muchas veces se vuelve irreversible. El rendimiento suele decaer a partir de la pérdida de un 2% de nuestro peso corporal (en torno a 1,5 litros), por eso es clave anticiparse a esa pérdida de líquidos.

Bebidas isotónicas
Las bebidas isotónicas y con electrolitos se han desarrollado enormemente en las últimas dos décadas. Actualmente, hay en el mercado un sinfín de marcas que ofrecen bebidas mineralizadas para reponer sales durante el ejercicio y en diversos formatos y sabores: líquidos, polvos solubles, pastillas e incluso cápsulas que aportan sales. Estas bebidas son siempre recomendables, independientemente del nivel físico del ciclista y de la exigencia del ejercicio. A partir de una pedalada de dos horas, la necesidad de usar una bebida isotónica se hace más necesaria si cabe y también es muy recomendable ingerirlas una vez finalizado el ejercicio.
Los más descreídos, pueden sustituir una bebida isotónica por un refresco. Éste no nos aportará muchas sales minerales, pero al menos nos proporcionará azúcar-glucosa también muy importante durante el ejercicio. De todos modos, es bueno evitar las bebidas gaseosas cuando hacemos ejercicio, ya que pueden ocasionarnos problemas de flato o molestias estomacales.

¿Bidones o mochilas de hidratación?
Las marcas de accesorios han desarrollado varios sistemas de hidratación para ciclismo en los últimos años. Básicamente, se trata de diversos modos de cagar líquido durante el pedaleo. El triatlón, con sus especificidades técnicas, es una disciplina que ha contribuido mucho a desarrollar los sistemas de hidratación. De todos modos, podemos identificar dos modos de llevar el agua para el ciclista: el clásico binomio bidón-portabidón y la mochila de hidratación.
El bidón y portabidón es el sistema tradicional y también el más económico. Los hay de diversas formas, pesos y estilos y, por norma general, suelen tener un diámetro estandarizado para que encajen la mayoría de bidones del mercado. Suele haber bidones de cuatro tipos de medidas: 500, 625, 750 y hasta 1000cc. Llevar un bidón muy grande permite cargar con mucho agua, pero en verano eso hará que la llevemos caliente más tiempo. Actualmente, hay varias marchas que ofrecen bidones isotérmicos que permiten conservar el agua fresca durante más tiempo.
En cuanto a las mochilas de hidratación, suelen usarse mucho en ciclismo de montaña y casi nunca en carretera. Las hay muy pequeñas que apenas permiten llevar el agua y poco más y otras más generosas con capacidad para 1,5 a 2L de agua, que permiten cargar también una prenda impermeable, recambios, comida, herramientas… El uso de la mochila suele ir gustos, hay quien prefiere usarla por el plus de capacidad que ofrece y también hay quien no le gusta cargar peso en la espalda. En todo caso, en travesías de varios días o para rutas largas se aconseja llevar una mochila que permita llevar recambios suficientes.
También hay que tener en cuenta que en la mayoría de bicis de talla pequeña de ciclismo de montaña (especialmente doble suspensión) es muy complicado que quepa un bidón, sencillamente porque no hay especio suficiente. En ese caso, hay que usar obligatoriamente una mochila para hidratarse en marcha.

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